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Una madre hace lo imposible por ver a sus pequeños crecer sanos y fuertes.  En la cultura mexicana las madres están acostumbradas a preparar los alimentos de forma natural para sus hijos, no les dan comidas enlatadas o pre-cocinadas, sin embargo, las cosas no siempre salen como uno las planea.

Esto sucedió en Aldama en Tamaulipas, Mexico. Se convirtió en el escenario de una de las tragedias más crueles del país.

Maria se levantó muy temprano para ir al mercado y hacer el desayuno para sus pequeños, Miriam de 6 años y Agustín de 8, ambos iban a la en el turno de mañana, así que Maria decidió hacerles un delicioso y nutritivo desayuno con el fin de evitar que compraran golosinas en la escuela, el menú eran huevos revueltos con jamón y un fresco jugo de naranja natural. Todos los ingredientes estaban listos.

Los pequeños se levantaron pronto, mamá les ordenó que fueran a tomar un baño mientras ella preparaba todo en la cocina.

No sabían lo que le esperan.

La madre seguía las reglas de la abuela a rajatabla, todo bien lavado y desinfectado. Lavó muy bien sus manos para empezar, mientras exprimía las naranjas, Miriam se acercó a decirle:

-“Mamá mi Agustín no sale del baño y yo también me quiero bañar”.

-¡Agustín! gritó la madre, “Deja de jugar con el agua y ya sal”.

Enseguida Agustín salió apresurado, mientras él se cambiaba su hermana ya estaba bañándose.

Pero a Maria le dieron ganas de entrar al baño, entró rápidamente y mientras hacía sus necesidades le suena el celular, era un mensaje de su marido, preguntando cómo iba todo, se tomó un par de minutos para responderle, mientras le decía a Miriam que se apurara también, al terminar la madre lavó de nuevo muy bien sus manos.

Volvió de nuevo a la cocina a preparar los huevos, pero su esposo seguía enviando mensajes, en cada oportunidad que ella tenía le contestaba con otro mensaje.

¡Listo! Todo lucía riquísimo, los pequeños se comieron gustosos hasta el último bocado y Maria estaba contenta por sus niños, faltaban 15 minutos para entrar, pero afortunadamente la escuela queda muy cerca y llegaron a tiempo.

Maria volvió a sus quehaceres, dos horas más tarde recibió una llamada que le partió el corazón, al responder le dijeron:

-“¿Señora Maria?”

Ella dijo: “Sí soy yo”

-“Hablamos de la escuela de sus hijos, los niños están camino al hospital, no entendemos qué les pasó”.

Maria ni siquiera pudo responder, sentía como la sangre fría subía hasta su cabeza, pronto empezaron a sudarle las manos y su corazón latía a toda prisa.

-¿Cómo era posible? Si en la mañana los acababa de ver sonrientes y sanos.

Llamó a su marido y se dirigieron hacia el hospital. Al llegar los médicos les explicaron que los niños se encontraban en una situación muy grave.

Los niños tenían una fiebre incontrolable debido a una bacteria llamada salmonella, se trataba de ¡fiebre tifoidea!.

Al parecer la bacteria se encontraba en el 80 por ciento de su cuerpo y había destruido prácticamente sus intestinos.

Los padres no sabían lo que estaba pasando, Maria se puso aún peor y comenzó a gritar desesperadamente que quería ver a sus hermosos hijos, así que los médicos tuvieron que sedarla, el padre esperaba en una silla con su cabeza mirando al suelo y las manos entrelazadas en la frente.

Después de realizarles varios estudios determinaron que los niños habían contraído la bacteria en los alimentos que ingirieron por la mañana.

-¡Eso era imposible! Maria había desinfectado todo.

Los médicos la cuestionaron y descubrieron que ella utilizó el celular mientras estaba en el baño, es decir, quedaron en el celular partículas de excremento y con ellas miles de bacterias.

En ese momento Maria entonces recordó todas las veces que tocó la comida después de responder los mensajes a su marido, ahora sabían la razón pero ¿De qué servía? sus hijos estaban muy graves en terapia intensiva.

Ver a ese par de angelitos postrados en una cama y conectados con sondas les destrozó el alma, eran sus niños, los mismos que en la mañana estaban corriendo por toda la casa, que peleaban por entrar al baño, que no querían llegar tarde a clases y se apuraron a terminar todo el desayuno para que su mamá no se enojara.

Ahora estaban muriendo frente a sus ojos, el padre no resistió y salió de la habitación, pero Maria los tomó de la mano diciéndoles cuánto los amaba,.

-“Perdónenme hijos, por favor perdónenme” les susurraba una y otra vez.

En ese instante sintió como la manita de Miriam se abrió y entonces el pitido de la máquina indicaba que había perdido la vida,.

Su madre gritó tan fuerte que los médicos corrieron enseguida, mientras la sacaban,  la máquina de Agustín también dejó de marcar los latidos.

-¡Ambos estaban muertos! hicieron todo lo que pudieron pero nada funcionó.

Ahora Maria quiere compartir su triste historia con el mundo, no quiere que otra madre cometa su error.

Aunque parezca increíble cuando usamos el celular en el baño tenemos al asesino en nuestras manos y no tenemos idea del foco infeccioso y de bacterias en el que se convierte este aparato.

Lamentablemente en este caso dos niños inocentes pagaron las consecuencias

Comparte esta historia para que más padres tomen conciencia y no vuelva a ocurrir.